Mar

Ser veterinaria, a veces, es unos ojitos asustados detrás de la puerta de un transportín y, otras, una cola que se mueve excitada cuando entra por la puerta. Unas orejas atentas cuando mueves una bolsa de chuches o un parpadeo lento y un ronroneo suave. Es cientos de olores, posturas incómodas y palabras suaves; un dibujo en un papel explicando cualquier cosa, un viaje en coche de madrugada, un "hoy tampoco voy a ir a cenar, mamá". Es una pelota en la boca, un arañazo descuidado. Alguna vez, es un abrazo en el pasillo y un gracias en voz baja cuando escuchas un último suspiro en paz. Es romperse la cabeza y dormirse abrazada a un perrito ingresado o sonreír cuando el cachorro no se ha enterado de la vacuna. Es, durante un ratito, sentarse a escuchar una historia contada en otro idioma. Atender. Compartir. Y encontrar pelos, pelos por todas partes.

En resumen, ser veterinaria es muchas, muchísimas cosas. Pero, ante todo, yo diría que es compasión, esfuerzo, amabilidad y estudio. Y es dar lo mejor de ti para que una criatura que, aunque no conozcas, ya quieres, sea, de alguna manera, un poquito más feliz.

Transparencia y profesionalidad

Somos un equipo

Las mascotas de Guvet

La alegría del día a día

AXL
Xana
Gala